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Donaciones / Donations

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En un Madrid primaveral voy caminando con dificultad, llevo al peque dormido en brazos, voy camino de una cita muy especial… Una amiga de una amiga me ha dicho que tengo que conocerla para que me cuente lo que hacen en su comunidad.

Y all√≠ esta ella, sentada en un bordillo esperando junto a una compa√Īera. Sabiendo que se trata de una comunidad religiosa uno no se espera a una chica informal, es joven y guapa, de mirada limpia y sonrisa alegre‚Ķ de esas sonrisas que te hacen saber enseguida que estas frente a una buena persona.

Mientras tomamos un café me cuenta lo que hacen y como cambió su vida hace más de una década. Mientras nos habla miro a mi mujer, está a punto de llorar, lo que escuchamos nos llega al corazón, pero prefiero que sea ella misma la que os lo cuente…

Me llamo Sarai Zavala, soy Mexicana, tengo 31 a√Īos y pertenezco a la Comunidad Misionera de San Pablo Ap√≥stol.

Hace 12 a√Īos conoc√≠ a un grupo de chicas que me hablaron de √Āfrica, y de todo lo que estaban haciendo por su gente con un grupo misionero, para mi √Āfrica era totalmente desconocido y muy lejano. Este grupo de personas aparte de explicarme de lo esperanzador que pod√≠a ser ese continente,¬† tambi√©n me ayudaron a poder ayudar a mi propia gente, pues ellas estaban empezando una guarder√≠a en un asentamiento irregular en el Ajusco en la ciudad de M√©xico, donde yo les ayudaba en mi tiempo libre.¬†¬† Con el tiempo me fui sintiendo cada vez m√°s como en casa con estas nuevas amigas que desinteresadamente ayudaban a los que m√°s lo necesitaban. En el fondo de mi coraz√≥n yo sab√≠a que este era mi lugar y que no podr√≠a decir no, as√≠ que decid√≠ decir ‚ÄúSI‚ÄĚ y quedarme con ellas.

Luego de algunos a√Īos viviendo en esta comunidad en mi propio pa√≠s y trabajando por la gente necesitada del Ajusco , me toco dar el gran salto de dejar mi pa√≠s e irme a vivir a Kenia, de donde eran aquellas im√°genes que vi la primera vez que conoc√≠ a mis amigas y que me robaron el coraz√≥n, me fui a vivir a Turakana, al norte de Kenia, el cambio no fue f√°cil pero me encantaba la idea de crecer humanamente y tener que ser yo la extranjera, la que no se entera y la que tiene que pedir ayuda, fue una experiencia muy enriquecedora como persona, que cuando uno nunca sale de su pa√≠s se cree que lo sabe todo y resulta que todo es muy relativo y nos quedan muchas cosas por aprender.

Luego de un a√Īo mis amigas con las que yo hab√≠a crecido en M√©xico, las que me hablaron de esta vida tan apasionante empezaban una misi√≥n nueva en Etiop√≠a y necesitaban de mi ayuda para comenzar, as√≠ que me fui con ellas a Etiop√≠a a volver a empezar.

Ha sido un proceso muy bonito poder comenzar una misi√≥n desde la nada, s√≥lo con muchas ganas e ilusiones, de eso hace ya 7 a√Īos y en este tiempo conseguimos la donaci√≥n de una tierra en un pueblo llamado Muketuri, a 78 km de Addis Abeba, donde construimos un centro materno infantil para 317 ni√Īos de 4 a 6 a√Īos y 5 ni√Īos discapacitados, un centro de nutrici√≥n para 70 ni√Īos a 5 km del pueblo, en estos centros los ni√Īos desayunan y comen de lunes a viernes, adem√°s aprenden a leer y a escribir en ingl√©s y h√°bitos de higiene. En estos centros tambi√©n ense√Īamos a las madres de los ni√Īos a cultivar huertos de verduras, a plantar y cuidar √°rboles frutales y les damos clases de higiene y nutrici√≥n. Tambi√©n atendemos a 72 ni√Īos desnutridos reparti√©ndoles comida para que salgan de la desnutrici√≥n. Y finalmente ayudamos a la gente a que tenga acceso al agua haciendo para ellos pozos¬† (44) y presas (2) en la zona,¬† as√≠ las mujeres no tienen que caminar tantas horas para poder tener agua y con esto tambi√©n tienen oportunidad de cultivar verduras y regar sus √°rboles frutales durante todo el a√Īo para dar de comer a sus hijos.

En este camino tambi√©n me han tocado m√°s de cerca dos ni√Īos que por circunstancias m√°s extremas me he visto mas involucrada y de los que yo me encargo directamente y a los que llevo educando desde hace 7 y 4 a√Īos, estos ni√Īos est√°n recibiendo una buena educaci√≥n en un colegio interno al norte del pa√≠s y son como mis hijos adoptivos. Quien lo dir√≠a que en tan solo 12 a√Īos hayan pasado tantas cosas en este libro de la vida, pero lo mejor de todo es que todav√≠a no se termina y nos quedan muchas cosas por aprender, vivir y sobre todo por dar.

Y con mucha alegr√≠a le entregamos nuestro peque√Īo bot√≠n de 300‚ā¨ (algo m√°s de 400$).

Para saber más sobre ella y lo que hacen puedes pasarte por el sitio web de  la Fundación Emalaikat o por la Comunidad Misionera de San Pablo Apóstol.

Quiero dar las gracias a Sinisa, Georg, Dadcem y Carmen por sus generosas donaciones que han hecho posible este peque√Īo gesto dentro de este mundo tan desigual.

Y sobretodo gracias a Sarai. Gracias por entregar algo mucho más valioso, algo que jamás podremos igualar… su verdadera voluntad.

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